A
partir
de
la
celebración
del
Concilio
de
Trento
se
relanzó
el
culto
a
Cristo
y
los
rituales
penitenciales,
momento
en
el
cual
se
generaliza
la
construcción
de
los
humilladeros,
unas
singulares
edificaciones
habitualmente
de
pequeño
tamaño,
situadas
en
las
salidas
de
las
poblaciones
en
las
que
se
solían
realizar
los
recorridos penitenciales de Semana Santa.
En
las
provincias
de
Ávila,
Zamora
y
Salamanca
muestran
una
variada
tipología
constructiva,
desde
sencillos
edículos
compuestos
por
cuatro
postes
que
resguardan
un
crucero
hasta
complejas
edificaciones
de
cierto
porte.
Las
más
representativas,
no
obstante,
son
aquellas
construcciones
de
una
sola
nave,
cerradas
en
tres
de
sus
lados
mediante
muros
y
una
reja
en
la
parte
delantera
que
permite
adorar
la
imagen,
habitualmente
de
un crucificado.
Variedad de humilladeros
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